Raphael vivo
Eternamente Raphael: antología barroca

EL MUNDO
Jueves, 27 de junio de 2002
LUIS A. NEMOLATO


Al ponerse el sol, llegó el Escándalo. Como un Ave fénix y que nadie le eche la culpa a un Maldito duende, Raphael, el gran divo de la ph, comenzó la que sería su Gran Noche. Ayer cerraba su gira triunfal allende los mares con sus 40 éxitos, uno por cada año, esos con los que se ha dejado la garganta o el corazón En carne viva y con los que sus fans podremos disfrutar una escueta semana en Madrid. Que el grande de Linares, para el que el barroco es religión, debe de estar exhausto y nos dio un disgusto mayúsculo cuando se desmayaba cual Dama de las camelias arrollada por 12 llamas blancas en el altiplano del Perú.

Digan lo que digan, o 40 años no son nada o Raphael tiene un pacto con el diablerío infernal, unos se deben ocupar de su prodigiosa voz, otros miran por su portentosa melena y los más azuzan su éxito eterno. Porque, ahí lo tienen. El doblemente eurovisivo No se puede quejar porque a sus brazos acude los más granado del artisteo patrio. Tanto ese con el que debió compartir pupitre en un cole parecido al del Florido Pensil como ese otro posmoderno hasta decir basta, indie hasta la extenuación y revival como el que más.

En las gradas, cientos de señoras como Dios manda, su estucado y su abanico y una salmodia tipo «pues yo le vi por primera vez en el Calderón y me volví loca» o «qué guapo era», le esperaban en las puertas del coliseo teatral sin advertir que esos dos pretéritos, perfecto e imperfecto, delataban tres décadas de nada y unas patas de gallo de mucho.

Y frente al batallón del flash de magnesio, una auténtica procesión de santos, ángeles y arcángeles del estrellato, amigos de este demonio divino. Una ristra de personalidades que más de una vez se ha sentado en la mesa del único artista que tiene colgado en su pared un Disco de Uranio, concedido en plena Guerra Fría y sin miedo a las radiaciones. Empezamos la enumeración innumerable: desde sus vástagos y de Marían Camino a Paquita Rico, de turquesa de pies a cabeza; la Cher argentina Nacha Guevara; Concha Velasco, que se atrevió a canturrear Cuando tú no estás; Analía Gadé y Carmen Sevilla, meciéndose al ritmo de Guapa, guapa, pasando por Lina Morgan; los duques del Alburquerque; María José Cantudo, de verde fosforescente y con todo el joyero puesto encima; el espléndido Toni Leblanc y la gran Rocío Mega Jurado, con un flequillo a lo Mary de Algo pasa con..., y su torero cartagenero. Y para terminar la diva underground, la felina Alaska, y el Jim Morrison baturro, Enrique Búnbury. Mientras, la sobrinísima María Chávarri (como el dire de culto Santi Segura) se escabullía cual fugitiva de instantáneas y preguntas comprometidas acerca del affair Soto.

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