Raphael, foto: Hernán Rojas
Yo Soy Un Aprendiz Eterno

CLARIN
Martes | 25.05.2004
Gabriela Saidon



Repuesto de un trasplante de hígado, el "Niño", de 61 años, regresa a la Argentina para presentar su disco "De vuelta".

Muestra el aplomo y la calma de un hombre que ha pasado por todas, que ha logrado todo lo que puede desear y que, de paso, no tiene que preocuparse por la cuestión de la subsistencia. "Estoy mucho más sereno, más tranquilo y con más fuerza", dice Raphael. Se entiende: hace trece meses que el cantante español anda por la vida con hígado nuevo.

Cuando llega, media hora después de lo previsto, al auditorio del hotel Crowne Plaza, parece salido de la tapa de su nuevo disco, De vuelta. La imagen es idéntica: polera y chaqueta de cuero negra, el pelo castaño a los 61 años y una barba displicente, apenas crecida. Lo que no sale en la foto del disco son los jeans y las botitas negras de caña baja, que completan la discreta vestimenta, ayer en su presentación para la prensa, previa a la charla con Clarín y antes de los shows en el Gran Rex. Allí mostrará su otra faceta: la de los gestos amanerados y voz engolada que arranca gritos femeninos y bravos masculinos en la platea, cuando canta canciones que resistieron el embate de las décadas, como Yo soy aquél, Escándalo o Digan lo que digan.

"Me ha cambiado el chip y veo las cosas bajo un punto de vista mucho más real. El mundo me parece distinto. Y me alegra autoproclamarme defensor de los transplantes. Quiero decirle a la gente que done sus órganos, que no se lleven lo que no les sirve allí y que aquí se necesita", dirá (y repetirá) en su nueva etapa postrasplante, que, además, significa "una vuelta al origen: Yo tengo que pensar que De vuelta es mi mejor disco porque pensé que no iba a grabar más. En mi disco número 86 he vuelto a cantar con mi media voz y falsete".

Raphael sabe al dedillo qué cosas decir y cómo decirlas. Regula las respuestas y maneja, sin que se le escape ningún detalle, los límites de las preguntas.

De lo que quiere hablar, se nota, es de su asombrosa recuperación. "Hay varias editoriales que ya me han pedido un libro, que voy a escribir, para que la gente vea lo importante que son las ganas de vivir". Nada que ver con la segunda parte de sus memorias, ¿Y mañana qué?, que está en espera, y sin final. "Hay cosas más urgentes", dice. Y cuenta que los médicos lo desalentaron de su idea de crear una fundación. "Dijeron: lo mejor que puedo hacer es mostrarme. Yo soy un anuncio fantástico para los que están en este problema".

¿Y para él? "Necesito estar vigente siempre", dice. En setiembre de 2003, Raphael ya había comenzado la gira mundial que lo trajo a la Argentina y que termina en México, previa vuelta a su país, donde el Niño de Linares grabará su "disco de Navidad".

¿Algún balance? ¿Asignaturas pendientes? El "no" es rotundo. "Yo he hecho demasiado. No soy un hombre nostálgico, no miro hacia atrás. Jamás me acuerdo de lo que fui sino de lo que soy y quiero hacer. Y me queda por hacer todo". Da un ejemplo extraño por lo parcial: "Reestrenar el musical Dr. Jekyll y Mr. Hyde, en febrero". Después profundiza: "Soy un eterno aprendiz". Y: "Todo es como la primera vez". La experiencia, dice, le sirvió para corroborar "el amor de mis amigos, porque la familia está".

A Raphael no le importa si su disco se convierte en placa de oro o de platino. "Ya tengo demasiados —dice el poseedor de un disco de Uranio (ver Toda...)—. Ya no pienso en números, no me parece importante. A mi casa de discos (EMI), sí".

Muchos temas de De vuelta "se leen con doble sentido después de la operación". El disco contiene dos canciones, Presumo y Dijo de mí, que Alberto Cortez compuso "a la horma de mi zapato. Es un amigo, lo quiero mucho", dos de José Luis Perales, Decir adiós y Estar contigo, y dos del rockero español Enrique Bunbury, Desmejorado, y Dos clavos a mis alas. "Enrique es un fan mío. Lo dice él, no lo digo yo —aclara—. Era lógico que trabajáramos juntos. Yo estoy encantado porque es un músico con mucho talento".

Desde sus 41 de carrera, dice que "todas las épocas tienen sus artistas buenos, muy buenos, regulares y malos". Pero sólo va a dar nombres de los buenos, aclara (es decir: no va a hablar, como otras veces, de Julio Iglesias ni de Camilo Sesto). De los nuevos, rescata a David Bisbal (producto de Operación Triunfo español), y a su opuesto, Alex Ubago.

Comenta la boda entre el príncipe Felipe y Letizia. "Lo vi desde Chile. Fue una ceremonia fantástica, sobria, muy bien rodada por la televisión. Pena el tiempo. Como español me siento muy orgulloso. Ella estaba muy guapa".

Del atentado del 11 de marzo en Madrid, dice: "Ha sido lo más triste que ha ocurrido en mi país. Esos días no pude cantar, tuve que suspender. Estamos intentando vivir con eso".

En el orden de lo privado, además de su mujer, la marquesa Natalia Figueroa, y sus tres hijos (ver Toda...), Raphael tiene una nieta de 9 meses, Manuela, y otro nieto por venir. Pero, coqueto, no quiere que le digan abuelo. "Mi hija tiene una hija", corrige y aclara: "No me gustan esas palabras familiares como cónyuge, hijastra, nuera, yerno....".


¿Todavía te dicen Niño?
- Sí, es una expresión muy andaluza. Toda la vida me dijeron así. Yo prefiero que me llamen Raphael.

En tus memorias contás un romance con Ava Gardner. ¿Alguna anécdota?
- No, pasó hace tanto. No ha lugar.

¿Es cierto que en los lugares a los que ibas seguido comprabas una casa?
-
En una época sí, ya no. Eso pasaba hace veinte años. Iba vendiendo unas y comprándome otras. Ahora tengo la casa en Madrid. Me estoy reencontrando con mi tierra y además la familia crece y todos se van independizando.

Como le pasa a mucha gente.
- Es que yo soy como todo el mundo, sólo que canto.

¿Cuántas veces visitaste la Argentina?
- Creo que hice más de 100 visitas. Aquí también filmé una película.

¿Y no te compraste una casa?
-
No, aquí tengo amigos con casa.

¿Cómo piensan festejar el 32 aniversario de casados?
- Este año lo pasamos en casa. Por motivos personales de los que prefiero no hablar... familiares.

¿Sos marqués por estar casado con una marquesa?
-
Yo no soy esas cosas. Mi mujer sí. Tengo amigos en la nobleza, como tengo amigos políticos, artistas. No tengo fronteras.

Varios temas que interpretás, desde "Escándalo" hasta "Vámonos", del nuevo disco, cuentan una relación no bien vista. ¿Te importa el qué dirán?
-
No me había dado cuenta de eso. Pero yo he vivido de cara a la opinión de la gente. He llevado una vida enseñable. No tengo ningún hijo oculto. No tengo nada que ocultar.


Toda una vida

Nació Rafael Martos en Linares (Jaén, Andalucía), el 5 de mayo de 1943.

Su madre se llamaba Rafaela.

Hijo de un albañil, su sueño de chico era ser sastre.

Le enseñó a cantar un cura de su pueblo, en tiempos en que el pequeño Rafael robaba melones y los vendía.

A los cuatro años deslumbró en el colegio San Antonio con su voz. Por participar del coro, le "perdonaron" la cuota.

A los nueve, ganó el premio a la mejor voz infantil de Europa en Salszburgo, Austria.

El apodo de Niño es por una designación andaluza a los más jóvenes de la familia. Antes era el Falín (por Rafaelín).

A los 16, firmó su primer contrato discográfico y cambió la f de su nombre por la ph (había firmado con Phillips).

En 1962, en el Festival de la canción en Benidorm acaparó todos los premios.

En 1965 debutó en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.

El primer vuelo transatlántico fue en 1966. Destino: Buenos Aires, donde participó en los Sábados circulares de Pipo Mancera.

El 14 de julio de 1972 se casó en Venecia con Natalia Figueroa, hija del marqués de Santo Floro y nieta del conde Romanones. Con ella tuvo tres hijos, Jacobo Miguel Raphael, Alejandra Raphaela y Miguel Manuel Raphael.

Tiene la "casa grande" en Madrid y de a poco se fue desprendiendo de otras en Sevilla, México, Nueva York, Biarritz, Key Biscaine (que fue de Richard Nixon y costó un millón de dólares).

En su casa de Madrid tiene un disco de Uranio. La categoría se inventó cuando pidió que ya no lo llenaran más de discos de Oro, porque su disco Raphael ayer, hoy, mañana y siempre había vendido 50 millones de copias.

Actuó en cine (en Bariloche filmó Digan lo que digan, de Mario Camus) y tiene un libro de memorias publicado en 1999, ¿Y mañana qué?, donde revela su "más que amistad" con Ava Gardner durante el rodaje de "El golfo", dirigida por Vicente Escrivá, en México.

En 1994, en Barcelona, casi murió electrocutado.

El 1° de abril de 2003 "renació", después de recibir un trasplante de hígado.

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