Raphael, Reconquista su castillo

Mar Padilla
3/7/2011
EL MUNDO

Raphael, imperial en su castillo / Raphael reconquista su castillo

El artista vuelve a encandilar a su público en el Festival Ciudad de Fuengirola

 

El Castillo Sohail integra las piedras venerables con las que se construyó y materiales más modernos con los que se restauró para convertirse en el auditorio que ahora es. Esa descripción es válida para el público que acudió a disfrutar con Raphael en la apertura del XVI Festival Ciudad de Fuengirola. Al inicio del recital, en la platea se mezclan dos públicos: el que ya moceaba y se derretía por él cuando estrenaba escenarios y rodaba sus primeras películas y generaciones posteriores que acuden por militancia raphaelista o por simple curiosidad. Dos o tres canciones más tarde, sólo quedan jóvenes de todas las edades, incluido el propio Raphael.

 

El linarense ya conocía el escenario (encabezó el cartel de este Festival hace dos años) y llegaba dispuesto a reconquistar una plaza en la que obviamente se siente como en casa. Y no venía a cumplir, sino a arrasar desde su salida a porta gayola como torero novel que busca la gloria, como si no la tuviera asegurada. Marca el tono con una armónica y arranca a cantar a capela. Los ojos, fijos en la figura familiar, vestida de negro, no se percatan de la entrada discreta de su orquesta -una espléndida formación- hasta que de repente suenan los instrumentos.

 

El espectáculo y el delirio se desatan desde la primera nota y se mantienen a lo largo de todo el repertorio, una combinación de los éxitos de siempre, con los gestos y desplantes que nadie imita como él mismo y un arriesgado recorrido por rancheras, boleros y tangos. Hay que tener valor para marcarse el “Volver” en un mano a mano virtual con Gardel. Y talento para -disculpen los puristas- salir victorioso.

 

Entre copla y copla, retumban las voces del respetable. “¡Guapo!”, grita con insistencia una señora como, seguramente, ya lo hacía cuando tenía 15 ó 16 años. Una niña enarbola una floreada pancarta con el nombre de su ídolo. Se escuchan cánticos futbolísticos. Se corea “mucho Rapha, Mucho Raphael eh”. Y más frases, irreproducibles aquí.

 

También hay hombres entre el público. Disfrutando, por supuesto, aunque algunos miran de reojo a sus parejas con un aire de sospecha parecido a los celos. Una muchacha declara su amor desatado con un “eres lo más bonito que ha parido madre”. Las miradas agradecidas del linarense demuestran que los mensajes llegan al escenario sin necesidad de amplificadores.

 

A él, por cierto, tampoco le hacen falta. Es algo que se intuye al ver cómo mantiene el micrófono a más de medio metro de la boca y que se confirma cuando lo abandona y aborda un pasaje a pulmón que alcanza nítidamente los palcos del fondo del patio de armas e incluso traspasa los muros. La noche ya es mágica.

 

Los ilusionistas sacan palomas de sus chisteras. Con dos dedos y un gesto estratégico, Raphael materializa un sombrero que no lleva puesto, el amigo con el que dialoga en la canción, la mujer de la que habla su letra, la luna que presagia su famosa gran noche y años de pasión y desamores. Son mundos tan reales que tras finalizar la música siguen ahí, tangibles, tocables. Se extingue la última nota y el público derriba a aplausos la escena. El artista aún tarda unos segundos en volver a la realidad. Lo hace con un esfuerzo visible, como si despertara. Achina los ojos brillantes, suspira, enjuga una lágrima no siempre imaginaria y, entonces sí, agradece la aclamación con una sinceridad sin fingimiento posible. Y así, tema tras tema.

 

Porque su caché incluye algo más que una retribución por las tres horas de entrega absoluta sobre el escenario. Tal vez no lo refleje el contrato, pero es obvio que el linarense vive tanto del rendimiento económico de su trabajo como del cariño que recibe. En Fuengirola la ración fue generosa y él correspondió. Cada una de las espectadoras de las primeras filas -las más rendidas a la seducción- se llevó una sonrisa individual, un “gracias” y un trozo de canción cantado especialmente para ella con esa mirada que desarma.

 


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