Raphael, por Sigefredo

Me puedo reinventar, pero no he cambiado

JULIO BRAVO
2-12-2008 02:58:07
ABC

No suele ser difícil llegar hasta Raphael, un hombre de natural apacible y amable... No suele ser difícil, salvo que una cerradura estropeada en la habitación del Ritz, donde se ha acordado la entrevista, lo complique. Apenas un contratiempo, que el artista se toma con humor. Raphael cumple cincuenta años de vida artística, una cifra que impresiona con tan sólo decirla. Lo celebra con una gira de conciertos -el preludio será hoy, en el Lope de Vega-, y con un disco, «50 años después» (Sony-BMG), en el que interviene una veintena de artistas muy distintos. «Sobre el papel -cuenta el cantante- parecía dificilísimo. Pero ha sido todo muy fácil. Ha habido mucho nervio y mucha ilusión por parte de todos, y me he sentido fenomenal: protegidísimo y mimadísimo». Durante los próximos dos años estará de gira y después tiene en cartera volver a meter la nariz en el musical. «Me siento muy ilusionado -confiesa-; y mientras haya ilusión hay vida. El artista es pura ilusión, y por eso en mí no cabe la palabra retirada».

-Sólo con ilusión no se está cincuenta años en la brecha.

-No, pero es muy importante. No se puede perder nunca, por muchas facultades y mucha experiencia que se tenga. Es importante levantarse cada día con ganas de hacer cosas nuevas. Y salir al escenario todos los días... Que es maravilloso.

-¿Recuerda el día en que subió por vez primera a un escenario?

-¿De manera profesional? Claro. Fue en Toledo. Yo era telonero de Juanito Valderrama.

-Sería un manojo de nervios.

-Buuuufff -y agita expresivamente los brazos-. Afortunadamente, los nervios los sigo teniendo cada vez que me subo a un escenario. Ahora es más el sentido de la responsabilidad, pero ese pellizco en el estómago sigue ahí. Sin embargo, una vez piso el escenario se va todo.

-¿Fue difícil llegar a esa primera actuación?

-Lo fue, porque antes no había las oportunidades que hay ahora. Los medios de comunicación, las televisiones... Claro que esto es al tiempo un arma de doble filo, porque la sobrexposición es negativa, como también ese clonarse todo el mundo... Uno de los problemas que tiene la gente joven -y hay gente estupenda- es que no se les deja ser ellos, quieren que canten «a la manera de...». Figúrese si a mí no me hubiesen dejado cantar tal y como yo soy, no hubiera sido nada en la vida.

-La iusión no sirve de nada si no está acompañada por la constancia...

-Y por el trabajo. Yo soy un currante. No me he apartado además de mi camino nunca. Más de una vez he tenido que negarme a cambios que querían imponerme, sobre todo por modas... ¿Cambiar yo? ¿Por qué? Lo que hay que hacer en la vida es evolucionar constantemente; puedo reinventarme, pero no cambiar. Anda que no me costó llegar, como para cambiar... Recuerdo en una ocasión, no diré nombres, en que tenía una canción de un compositor muy famoso. Por lo que fuera, a mi casa discográfica no le gustó y la quitamos del disco. El autor me dijo después si podía darle la canción a otro artista que estaba saliendo. Le dije que sí, claro; la canción era suya. Y fue un exitazo. Y en mi casa de discos quisieron entonces que la grabara yo para darle en las narices a ese artista nuevo; a lo que, claro, me negué.

-Pero ya no tiene esa presión. -En realidad nunca la he tenido, salvo en contadas ocasiones. Hay que saber dónde puede uno llegar y no salirse de esos límites. Como también hay que defender aquello en lo que uno cree. Cuando presenté el «Tamborilero», para grabarlo, había otros villancicos más conocidos y la casa de discos los prefería. Incluso me dijeron que lo iban a sacar en ese momento con Frank Sinatra. Pero yo me empeñé, y ahí está el «Tamborilero». Yo no he tratado nunca de emular a nadie, sino de hacer las cosas como las siento.

-¿Hay algo que le haga dejar de cantar?

-No. Puedo estar perezoso, cansado, pero en cuanto piso el escenario se acaban la preocupación y el cansancio. En una ocasión terminé una actuación en Australia, en Perth, y la siguiente era en Caracas. Por el camino corto no llegaba; por el largo iba ganando horas, e hice un viaje larguísimo con todas las escalas del mundo. Llegué a Caracas dos horas antes del concierto, y le dije al público que si me notara raro no pensara que estaba borracho, era del viaje porque estaba destrozado. Pero en cuanto empecé a cantar se acabó el destrozo.

-¿Cambia cuando sube a un escenario?

-No, Raphael, el de la ph, es el mismo Rafael de la f. No tengo dobleces.

-Hace un tiempo dijo que la enfermedad que padeció y que le tuvo apartado había hecho que su voz reposara...

-Sí, pero ahora, pasados varios años desde el trasplante, creo que lo que de verdad reposó fue el cerebro.

-¿Y han cambiado sus prioridades?

-Han quedado las esenciales, muchas han caído. No diré cuáles. Para qué... Y otras se han revalorizado: la familia, tus amigos, el público...

-¿Alguna vez se ha emocionado tanto para no seguir un concierto?

-Tantas veces me ha vencido la emoción... Pero he seguido incluso malamente. Yo siempre termino lo que empiezo.


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