Publicado en AR, "La revista de Ana Rosa Quintana"
"El andaluz 'pa dentro', ése soy yo"

AR, "La revista de Ana Rosa Quintana"
1-1-2006

Con un disco recopilatorio recién salido y otro que se está cocinando, este jienense nos confiesa sus pecados, pocos, y sus ilusiones, nunca demasiadas.

Sucede con algunos nombres como con los olores:  que te transportan. Si te dicen "Raphael", no hace falta nada más: oyes su voz contundente, ves su gesto rápido y esa sonrisa algo canalla. Este andaluz 'muy vivido' vuelve a escena, si es que alguna vez se fue, con su último disco. Sus 36 mejores éxitos, conciertos y actuaciones en Maravilloso Raphael (EMI), con esa voz, 'La Voz', nos cuenta el camino recorrido hasta aquí, que no es poco.

Este disco recoge prácticamente toda tu carrera, incluso podemos ver un vídeo de la Navidad del año 69...

Hay cosas increíbles en esta recopilación: actuaciones mías históricas, del 88, o ese programa de Navidad, en blanco y negro. Es increíble que, al cabo de tanto tiempo, tenga más ilusión que antes. Para mí, salir al escenario sigue siendo una fiesta total.

Si al niño que fuiste le hubiesen dejado ver por un agujerito los éxitos que has tenido después, ¿se los hubiera creído?
De ninguna manera. Yo nunca he luchado en la vida para conseguir éxito. Eso viene sólo a base de mucho trabajo. A mí me ha gustado siempre hacer las cosas lo mejor que puedo, y nada más.

Cuando grabas un recopilatorio como éste, imagino que sentirás una cierta nostalgia...
Sobre todo en el DVD que viene junto con el disco, que lleva mucho de mi colección particular, con imágenes que sólo tengo yo, como la actuación que hice en el estadio Santiago Bernabéu, que no ha salido en ninguna televisión. Es una gran muestra de mi carrera. Y aquí no acaba todo, a principios de enero, entro en estudio para grabar un nuevo disco.

¿A qué edad saliste de Jaén?
A mí me sacaron de Linares cuando tenía sólo unos meses de edad, y volví desde Madrid, en plan artista, con 14 años. Pero, a pesar de que ahora vivo en la capital, yo soy muy andaluz.

¿Qué significa eso para ti?
Es un sentimiento difícil de explicar... Creo que existen dos clases de andaluz: el extrovertido y exagerado, y el 'más Séneca', más pensante y reflexivo, el andaluz pa dentro. Ése soy yo, igual que mi padre.

Los andaluces suelen tener un sentir un poco trágico de la vida, ¿tú también?
No, porque soy un andaluz muy internacional (risas). He viajado desde que tenía 14 años.

¿Te consideras una persona intuitiva?
Estoy seguro de que a mí me ponen una plazoleta con 18 calles, 17 de ellas están cerradas, y yo voy por ésa que está abierta. Es el instinto. Por ejemplo, cuando subo al escenario no paso nada de miedo, porque la gente es mi aliada, no mi enemiga, y salgo a disfrutar. Siento miles de ojos mirándome que me dicen: "¡Adelante!".

¿Quién te animó a meterte en el mundo del espectáculo?, ¿ fue tu madre?
¡Yo me animo solo! Al principio me regañaban porque regresaba tarde del teatro. Pero llegó un momento en el que hablé con mi madre y le juré que no estaba haciendo nada malo.

¿Cómo fueron los comienzos de tu carrera en el extranjero?
La primera vez que salí de España tendría unos 16 años; fui a Portugal. Luego estuve en Estambul varias veces, antes de que empezara a ser conocido aquí. La cruda realidad era que en nuestro país los cantantes cantaban y la gente bailaba, y yo quería que se sentaran y escucharan. Recuerdo un concierto en Zaragoza, allí el público me entendió. Salí con mi chalequito, empecé a cantar, la gente se acercó a la pista y se engancharon a bailar. Yo me paré, me quedé mirando en silencio y se desengancharon. Se sentaron y me miraron con cara de: "Venga, cántanos". Fue mi primer gran éxito. Cuando dije la palabra 'concierto' en mi discográfica pensaron que estaba loco. Hasta el director me dijo: "Raphael, ¿pero tú pretendes, de verdad, que nos sentemos tres horas a escucharte?". Y fíjate.

No sientes que has perdido algo volcándote tanto en el trabajo?
Mi familia, mi carrera y mis amigos son lo que más me importa en la vida y es por lo que voy a luchar siempre, aunque es cierto que mi profesión me apasiona. Siempre estoy buscando cosas nuevas.

¿Lo de tener nietos, cómo lo llevas?
Lo que yo tengo son "hijos de mis hijos". No me gusta eso de los nietos y, a mi mujer tampoco. Ellos me llaman, de momento, "Lel". Es que la palabra "abuelito" no va conmigo, ¡mira mi look! Me encanta hacer de abuelo, es el término el que no me gusta. Me recuerda a cuando mis hijos me dicen que me relaje, me sienta fatal.

Tú has tenido mucha suerte con los hijos, te han salido unos niños estupendos, ¿en qué has basado su educación?
Lo mejor que han hecho mis padres por mí es tener confianza , y es lo mismo que hago yo con mis hijos. Bueno, les hemos educado a nuestra manera. La confianza y la libertad son fundamentales, eso ante todo, y creer mucho en ellos. Y si tú les dices algo, saben que es por su bien. Aunque no te hagan caso del todo, algo se les queda.

A veces cuesta, ¿no? Sobre todo cuando empiezan con esas edades difíciles en las que quieren salir por ahí.
Sí, pero debes confiar en tus hijos. Tienen que ver que tú les apoyas, para lo bueno y lo malo. Es lo que he visto en mi casa, y eso es lo que hacemos nosotros.

¿Cómo es la vida al lado de tu mujer, Natalia Figueroa?

La suerte que tenemos todos es que Natalia está siempre ahí, para ellos y para mí. ¡Eso sí que es la Lotería! La verdad es que cuando nos casamos no podíamos prever que íbamos a hacer las cosas tan en unión y tan de acuerdo.

Dime la verdad, ¿crees en la suerte?

Sí, la suerte existe para todos. Lo que pasa es que no todo el mundo lo sabe. La suerte es un carro. Hay que saber verlo cuando pasa y subirse a él, y no dejar que te bajen de él ni a patadas. A mí me bajaron un momentito hace dos años y medio (risas), pero me volví a subir a los 28 días.

¿Crees que la mente influye a la hora de recuperarte de una operación tan grave?
Mucho. Las ganas de vivir y de progresar son esenciales. Cuando estás enfermo, las necesitas, y también es importante que tu familia no te diga "pobrecito".

Y cuando pasaste por el trasplante en 2003, ¿creías que ibas a hacer más giras?
En esos momentos tan malos no se piensa en nada. Tan sólo tienes en la cabeza la idea de que todo se ha acabado.

¿Ahora llevas una vida tranquila?
¡No! El mismo día que me metían en el quirófano le dije a mi secretaria: "¿Has localizado a Michael Grey?". Él es mi empresario en Inglaterra. Así soy yo. Me fui al otro mundo y volví con la misma idea fija: ser un buen profesional y, cada día, un poquito mejor.

¿Cómo tienes la voz ahora?
Muy bien. Estoy cantando muy descansado. No sudo, porque todo está bien regulado. Me encuentro genial, muy fuerte. Me recupero con una facilidad asombrosa, pero he tomado precauciones. Por ejemplo, si viajo, ese mismo día no canto.

¿Y no haces deporte?
No, para qué me voy a poner la medalla. Camino cuando puedo, porque al ser una persona muy conocida tengo que elegir bien los sitios.

¿Cuidas la alimentación?
¡Como sanísimo! Todo con las menos especias posibles. Te sabe igual de rico, es cogerle el gusto a las cosas. Antes todo me sabía a sal y a picante, ahora disfruto más del sabor de los alimentos. También bebo muchísima agua. De vez en cuando tomo un poquito de jamón, pero con medida, no pasa nada.

Has viajado por todo el mundo, pero tu cuartel general está en Madrid. ¿Has pensado en mudarte?
Si pudiera elegir, viviría en México. Pero mis raíces son demasiado españolas, aunque me siento bien en todas partes. Soy un hombre con suerte y, sobre todo, como estoy muy acostumbrado desde pequeño a viajar, me adapto enseguida.

¿Qué opinas de conseguir el éxito tan pronto como sucede en Operación Triunfo?
Soy bastante positivo. Hay que dar chance a la gente, pero el bagaje es muy importante. Nadie te regala nada. Si no estás preparado, puede que salgas a un concierto y todo vaya muy bien pero, al día siguiente, te has quedado mudo. Así surgen los problema de garganta. Yo soy muy amigo, por ejemplo, de Bisbal y hemos hablado sobre esos fenómenos. Creo que los medios de comunicación tienen un lado muy positivo y otro malo. Todo el mundo te conoce, pero también consiguen que se queme tu imagen a base de aparecer continuamente en la tele.

¿Crees que es necesario viajar para tener una carrera profesional exitosa?
No te puedes estancar en Sant Sadurní, por ejemplo, porque ahí te quedas. Llega un momento en el que los vecinos están hasta el gorro de verte la cara. Hay que viajar, y no sólo por aprender idiomas, como dice todo el mundo, sino para conocer la mentalidad de otros pueblos. Me acuerdo de la primera vez que debuté en Londres... Era un desafío tremendo, y no te digo nada en Rusia.

Y cuando miras con perspectiva, ¿de qué estas más orgulloso?
De la voz no voy a presumir, porque ésa me la han regalado. Pero sí de mi fuerza de voluntad, de mi constancia y, sobre todo, de mi ilusión.

¿Y qué borrarías?
No tacharía nada de nada. No, porque todo me ha servido para aprender. Hasta cuando me llevaban por 200 pesetas a León a abrir un espectáculo: me tiraba toda la noche en la carretera y luego me devolvían directamente a casa.

¿Has sido alguna vez una 'estrellona' en el peor sentido de la palabra?
Yo creo que no, al menos conscientemente, aunque me han tomado por eso. Lo que sí he sido es un gran tímido. He hecho cosas muy audaces, precisamente por mi timidez.

¿Tú crees que el público español te sigue queriendo tanto como antaño?
Sí, yo formo parte del entorno familiar. La gente que asiste ahora a mis conciertos son los hijos de los que me veían antes. Es una cadena de la que estoy tremendamente sorprendido y agradecido. Este nuevo disco es un poquito para esos chicos que tiene menos de 25 años, para que conozcan a Raphael en su verdadera salsa.

¿Te queda alguna asignatura pendiente?
Supongo que muchas. Por ejemplo, mi vuelta al cine. Eso sí, cuando me apetezca realmente, pero lo voy a hacer.

¡Lo quieres todo!
En mi profesión, sí. Yo soy muy ambicioso, artísticamente hablando, porque puedo hacerlo. Por ejemplo, acabo de volver de Argentina y el productor de Maradona me propuso trabajar en una comedia para televisión. Salió bordada, sin ensayar ni nada. Los profesionales me ubican sólo en los registros dramáticos, pero soy capaz de meterme en muchos papeles. Sé que mi regreso a la gran pantalla será en cualquier momento. Yo, mientras tanto, sigo con mis cosas

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