Raphel Jekyll y Hyde
Raphael, un "Jekyll and Hyde" de escándalo

EFE

El popular cantante Raphael acaba de alcanzar el cielo de los musicales. En "Jekyll and Hyde", que vivió su estreno oficilal, está de escándalo, como hombre bueno y como hombre malo. Raphael no es que domine las tablas, es que él es el escenario y los demás, inluido el público, su decorado.

Objetivamente sublime, magistral o genial, aunque menos arrebatado que de costumbre, un Raphael nuevo y clásico, con su voz de siempre, se desabrocha como es, todo un fenómeno, a lo largo de dos horas y media de musical americano, pero al más puro estilo del de Linares, aunque ahora con coleta o greñudo, según el personaje que sea.

Que con "Jekyll and Hyde" Raphael haya alcanzado el cielo es normal porque ha debutado en Madrid, y ya sabemos lo que dice el refrán. Y si no que se lo pregunten al público que esta noche aplaudieron en el Teatro Nuevo Apolo un sin fin de veces al cantante, con ritmo, con saña y con placer, y al acabar la presentación, diez minutos, o más, de aplausos son muchos aplausos.

El popular cantante, pasión de madres y abuelas, se movió por el escenario como un diablillo; con la agilidad de un niño, casi de un mono. Aunque eso sí, menos descontrolado que cuando canta a su aire, pero igual de puro, con un voz tan sonora y redonda, que a buen seguro inundó hasta las antiguas cañadas reales que dicen los viejos que hubo en Madrid. "Jekyll and Hyde" es un musical gótico que se ha representado en Broadway con éxito. La partitura es de Frank Wildhorn y el libreto de Leslie Bricusse. Pero en España, junto a su creación, todo es Raphael y la compañía que lo acompaña.

La historia que se cuenta en la madrileña plaza de Tirso de Molina es un clásico de la literatura, una obra de Stevenson. En 1888, época victoriana, Londres vive la historia de un prestigioso doctor, el bueno de Jekyll, que se cree capaz de separar el bien y el mal que residen en el hombre, mediante una fórmula que experimenta en sí mismo, y que crea un sanguinario asesino, Mister Hyde.

El musical cuenta la historia casi igual que en el cine. El escenario bulle como una ciudad y los decorados se cambian con mucha decencia. Para una que no esta acostumbrada a musicales, -la verdad sea dicha, es el primero que veo- este de Raphael se me antoja de espectacular como una película de "La guerra de las galaxias".

Con coleta, Raphael es un buen doctor que quiere lograr el que pudiera ser el mayor éxito de la humanidad; controlar la violencia y desterrarla del ser humano. Con greñas, Raphael mata a diestro y siniestro en el escenario, desde un obispo a un general, pasando por una prostituta. El duelo que el doctor tiene con el monstruo que ha creado lo gana Raphael, sin lugar a dudas. En una de las escenas finales, se bate como Jekyll y como Hyde, como un maestro de los escenarios, de igual forma que pudiera hacerlo el mejor actor, el mejor cantante o el mejor de los mejores.

Raphael sale invícto del duelo al doctor y al monstruo, pero en el musical recibe el lujoso acompañamiento de un elenco de actores y cantantes; destacan Marta Ribera, que hace de prostituta Lucy, guapa y vibrante, y Margarita Marban, que es Emma, la prometida del doctor y un poco gordita. La lucha ya no es entre dos, es entre cuatro; entre ser bueno y ser malo, y entre el amor de la que puede ser una buena esposa y la pasión de la más perdida mujer.

Con "Jekyll and Hyde", Tirso de Molina no es Broadway, pero ya está más cerca. Y además tiene algo en común con Nueva York; se habla mucho castellano. Dejo ya para el final el misterio de la obra, eso que se llama la dualidad humana. "Soy un hombre bueno o un loco. Solo hay un paso entre un ser bueno y un ser malo", repite Raphael en el escenario. Quizá Stevenson no se diera cuenta, al intentar probar la fórmula HJ7 en el doctor Jekyll, que si no existiera el mal, no se sabría qué es el bien.


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