Raphel Jekyll y Hyde
Raphael, ¿Loco o cuerdo?

EL MUNDO

Primero fueron los beatlemanos, después llegaron los trekkies (clónicos seguidores de Star Trek) y ahora parece inminente el desembarco en nuestro país de los jekkies: un grupo sectario creyente en la dualidad de la naturaleza humana.

No hay motivos para asustarse: el gurú no es otro que Raphael y el ritual de iniciación consiste sólo en asistir a 400 representaciones de un mismo musical, Jekyll & Hyde basado en la novela del escritor británico Stevenson. Gracias a un público tan fiel, la obra lleva sobre los escenarios de Broadway desde 1997, y suma 1.200 representaciones de la lucha entre el bien y el mal que noveló Robert Louis Stevenson en 1886. Y ya se sabe lo aficionados que son los estadounidenses a crear clubs de todo tipo: en la web oficial del musical se puede contactar con ¡su club de fans! y conocer todas las novedades sobre los nuevos artistas que se incorporan.
En España, y de momento, habrá que conformarse con un año a partir del próximo septiembre. Ése es el tiempo por el que se ha comprometido Raphael, intérprete de los dos personajes principales, a permanecer atado al escenario. "Más no puedo, me echarían los perros encima. Mi carrera profesional transcurre por otro lado y está atada con años de anticipación.

Afortunadamente, como todos mis empresarios son amigos, acudí a ellos para que pospusieran los conciertos". Su primera idea, desechada rápidamente dado el elevado coste del montaje, fue la de estrenar la obra y a los dos meses, como sucede en Estados Unidos, ser sustituido por otro intérprete. "Mi amiga Liza Minelli estrenó Chicago y, después de un mes, lo dejó y el espectáculo continuó". La oferta era demasiado buena como para abandonar tan pronto. Por primera vez en español y por espacio de dos horas y 45 minutos, actores y público intentarán dilucidar si tan delgada es la línea que separa la bondad de la maldad. ¿Soy un buen hombre o soy un loco?, se pregunta un turbado doctor Jekyll al descubrir a su otro yo, el peligroso Hyde.

Nadie más que un osado como Raphael podría debutar con un papel esquizoide. Después de 40 años cantando y vendiendo lo indecible (hasta conseguir un disco de uranio, único en el mundo, por la venta de más de 50 millones de discos), el artista confiesa sentirse "ante el acontecimiento de mi carrera. Habrá un antes y un después de esta obra". Con esa ilusión acomete un largo verano de ensayos diarios que le sirven de entrenamiento para lo que se le avecina: función diaria y doble los sábados. "Como tengo 23 años espero que no haya ningún problema" (risas). Quizá su DNI -Rafael Sánchez Martos ya ha cumplido los 57- no ratifique esa edad, pero desde luego su entusiasmo es el que corresponde a un principiante, como de hecho lo es en el mundo del musical. "De todo el reparto soy el que más ensaya. ¡Es que soy todo un novato! Lo bueno de esta profesión es que nunca se llega a nada, siempre se está aprendiendo".

"De todo el reparto, soy el que más ensaya. ¡Es que soy todo un novato!"

Silvia Stallargas, directora adjunta de la producción, reconoce estar gratamente sorprendida. "Empezó a ensayar un mes antes que el resto de la compañía". Una lección de profesionalidad y saber estar para los 26 actores (elegidos entre más de 1.000 candidatos) que le acompañarán en escena y que le ha valido el tratamiento de maestro por parte de Luis Ramírez, productor y principal impulsor del resurgir del musical en España. Tras la puesta en escena de El hombre de La Mancha en 1998, con Pepe Sacristán, Paloma San Basilio y medio millón de entradas vendidas, muchos han visto el filón. El próximo otoño viene cargadito de obras musicales. En lo que va de año, 300.000 personas han visto La bella y la bestia.

La pregunta para Raphael es: ¿Por qué no antes? "Estaba vaticinado que yo tendría que hacer algún día un musical, pero en general, las obras tienen un par de canciones muy buenas y el resto..., como que arrastra. Éste no. Desde que comienza hasta que termina la música, la partitura es buenísima". Y medio en broma medio en serio, comenta que parece la hubieran escrito ex profeso para su voz. Nada más lejos de la idea del tándem creativo formado por Frank Wildhorn (Whitney Houston, Natalie Cole o Kenny Rogers han interpretado algunos de sus temas) y el libretista Leslie Bricusse (autor de canciones de Gold finger, Victor o Victoria o Solo en casa), que han confirmado su asistencia al estreno el 6 de septiembre en Madrid. La andadura de El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde musicado comenzó antes como disco que como representación. En 1990 Frank Wildhorm editó una primera maqueta con las canciones del musical interpretadas por Lide Eder; vendió 150.000 copias (Highlights from Jekyll&Hyde, RCA).

Cuando Nacho Artime, amigo de la infancia, le comentó la posibilidad de trabajar en un musical, la respuesta inmediata fue: "¿Un musical?, ni loco. Después me pasaron un compact con la música y me entusiasmó. Me fui a Alemania, donde se estaba representando entonces, y ahí me quedé impactado". No hubo más que hablar, la respuesta era sí. Aun así, tuvo que probarse, comprobar que podía dar el do de pecho. Al fin y al cabo, el peso de la obra recae sobre su voz. "Las transformaciones se producen en escena. No hay truco, estoy delante del público. Es una cuestión de gesto, de interpretación, de voz".

Hasta seis veces Jekyll muta en Hyde o a la inversa, incluyendo una transformación triple (de Jekyll a Hyde y vuelta al doctor) y una escena cumbre, bajo el título de Confrontación, en la que se produce el duelo, a cara limpia, ante el espectador, entre los dos protagonistas. Los efectos de luz ayudan a intensificar la trasformación, aunque es el maquillaje el que juega un papel esencial en la caracterización, para la que el cantante necesita una sesión de dos horas. El costoso vestuario ha sido diseñado por Luisa Rada y Camilla Tuling. Los efectos especiales que se ven en el escenario son espectaculares. Así, el incendio del laboratorio de Jekyll o las numerosas muertes en escena, trabajo para el se que cuenta con la ayuda de un mago.

La disciplina teatral se impone: el ensayo comienza a las cuatro pero no se sabe nunca a qué hora acaba. A excepción de un día, el de su 28º aniversario de bodas con Natalia Figueroa. Esa tarde, hay que terminar a las ocho.


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